El moralismo es una máquina de simplificar. La moralización de los conflictos políticos tiene la ventaja de que nos ahorra mayores argumentaciones. Para tener razón y estar en el lado correcto de la historia basta con indignarse frente a quienes suponemos que se resisten al bien. (…) con los malos no se discute nunca. (…) la sobreactuación moralista es un fingimiento con consecuencias reales muy negativas, ya que beneficia a los más extremos y dificulta los acuerdos cuando son necesarios. El primer damnificado de la moralización es el poder de negociar.
2661. Daniel Innerarity
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