El Serunomismo es el nombre que di al manuscrito que contenía mis reflexiones de juventud, una obra que perdí y de la que he querido rescatar el título. Podría decirse que es un homenaje al idealismo de aquellos años, que he procurado mantener vivo hasta hoy.
El idealismo es consustancial a mi persona y por tanto exageraría si dijera que me he tenido que esforzar mucho en preservarlo, lo cual no significa que haya sido un camino fácil de recorrer. Ninguno lo es. El tuyo seguro que tampoco. Por idealismo entiendo la capacidad de idear, de crear, de soñar, de percibir los aspectos más esenciales, mágicos e ilusionantes de la vida y ser consecuente con dicha percepción. Por idealismo entiendo la necesidad de interpretar y moldear la realidad de acuerdo a nuestros ideales, de acuerdo al compromiso de fidelidad a nuestros principios y de resistencia a las tentaciones de pervertirlos. Por idealismo entiendo “ser uno mismo”.
Recién cumplidos 50 años vendí mi empresa y escribí un libro autobiográfico. Su título, Fracasado, reflejaba mi sensación de no haber sabido hacer cumbre con ninguno de los muchos proyectos emprendidos hasta entonces. Cierto es que todos ellos habían sido muy interesantes, pero no podía evitar el sabor a derrota por no haber desarrollado todo su potencial, por no haber tenido el impacto social anticipado cuando los concebí.
Mi mirada en estos últimos años desde la publicación de Fracasado ha cambiado. He descubierto que al éxito y al fracaso mejor no hacerles ni caso. Además del daño –irreparable a veces– que causan en quien se deja seducir y atrapar por ellos, no dejan de ser conceptos subjetivos que dependen de la visión personal de cada uno. Por ello y a riesgo de resultar vanidoso (los relatos desde la perspectiva de un fracasado tienen mejor lectura), voy a aprovechar este prólogo para hacer una crónica optimista de mi propio idealismo, dándome la importancia justa, la que acostumbro a dar a cualquier biografía ajena: no soy, ni me creo, más ni menos que nadie. Compartir mis gestas, cuando estoy a punto de desnudarme, es un escudo protector, un intento probablemente estéril por atenuar mi miedo al rechazo y a la crítica destructiva, por mitigar mi inseguridad. Lo contrario no sería humildad, sería falsa modestia.
Fui un idealista cuando con 20 años abandoné mis estudios de Derecho en la Universidad de Deusto para perseguir una carrera como músico. Alain Milhaud, probablemente el productor musical más importante de la época en España, me ofreció un contrato discográfico con CBS que rechacé porque no se me permitió cantar en inglés, porque no se me permitió ser yo mismo.
Fui un idealista cuando en 1986 me fui a vivir a Londres a perseguir mi sueño discográfico y no regresé hasta 1999, 13 años después. En Londres creé mi propia empresa (Von´s) y grabé en mis estudios de grabación a artistas musicales de renombre mundial: Primal Scream, Jamiroquai, UK Subs, Bad Manners, Malcolm McClaren, Killing Joke, Billy Bragg, Stiff Little Fingers, Psychic TV, My Bloody Valentine, Spiritualized, Stereolab… miembros de Blondie, Madness, Spandau Ballet, The Specials, The Damned, The Smiths, The Jam, UB40, Cocteau Twins, Siouxie and the Banshees, Sonic Youth, Iron Maiden, Grateful Dead…
Fui un idealista también cuando cerré mi empresa, compré un autobús rojo de dos pisos, lo convertí en una casa ambulante y recorrí España con la banda escocesa Red Bus, promocionando durante seis meses en prensa, radio, televisión y salas de concierto de todo el país su álbum de debut. Conté para ello con la implicación de Caroline Records, Osborne y Cadena 100, emisora de radio en la que fuimos “artista prioritario”.
Fui para algunos un valiente y para la mayoría un loco, en cualquier caso un idealista, cuando encontré el valor de renunciar al único sector profesional que dominaba, el discográfico, en el que ya me había labrado una buena reputación. Lo hice con el objeto de formarme como psicoterapeuta y ejercer la profesión en mi propia consulta privada. También participé en un programa de visitas a presos en la cárcel de High Down.
En 1999 acepté una oferta de trabajo como investigador de derechos humanos en Ostrava, República Checa, por parte de E.R.R.C. (European Roma Rights Center), organización perteneciente al filántropo George Soros. Mi trabajo consistió en recabar evidencias de discriminación racial contra los niños gitanos en las escuelas con el fin de llevar a juicio al gobierno checo en el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.
Coincidiendo con el fin del milenio y la popularización de Internet, decidí regresar a Euskadi y desarrollar Sane Society, una red social pionera (entonces no existían Myspace, Facebook, Twitter, YouTube, LinkedIn o Instagram). Sane Society fue concebida como una ciudad virtual del arte, organizada por “barrios” lingüísticos y zonas creativas, que llegó a ser poblada por miles de artistas de más de 100 países. A raíz de este proyecto me fueron concedidos los premios Álava Emprende, Diploma Empresa Digital y El Correo Digital a la Mejor Página Web de Ocio y Servicios.
Al amparo de Sane Society (disponíamos de un curtido equipo gestor internacional y una base de datos de más de 100.000 artistas, empresas y organizaciones culturales), surgió Talent Seekers, un concurso de talentos que tuvo el lujo de contar con un jurado conformado por 100 prestigiosos profesionales en representación de los diferentes sectores creativos: música, pintura, escultura, literatura, arte digital, vídeo, etc. Personas de la talla de Casto Solano (escultor navarro afincado en Vitoria-Gasteiz y hoy gran amigo), Rafael Revert (creador y director de 40 Principales y Cadena 100) o Jimmy Destry (miembro fundador de la legendaria banda americana Blondie).
Pocos mundos son tan apasionantes como el sector tecnológico en Silicon Valley y experimentarlo fue otra de las llamadas a las que no pude resistirme responder. Mi proyecto Merkopolis (red internacional de mercados locales), que posteriormente derivó en Merkagune (agencia de marketing digital en apoyo al pequeño comercio), fue seleccionado por el gobierno de España a través del ICEX y Red.es para ser incluido en el programa de internacionalización Spain Tech Center, con base en San Francisco. Aproveché también esa estancia para asistir a un curso avanzado de emprendimiento en la Universidad de Stanford.
De mi experiencia en Estados Unidos surgió el blog Silicon Valley in 80 days, que tuvo muy buena acogida y despertó mi vocación de escritor. Si bien en el pasado había sido colaborador habitual en una revista literaria dirigida por un conocido editor vasco, mi faceta de escritor la tenía prácticamente abandonada. Dejé de colaborar cuando un artículo en el que me pronunciaba en contra de E.T.A. fue rechazado por dicho editor.
Para que no se confunda el espíritu de celebración con el que estoy relatando mi vida con el triunfalismo, has de saber que mis proyectos en Internet fueron todos ellos de gran valor, pero deficitarios: empresas beneficiosas sin beneficios. Como he expresado antes, sentí que mi equipo y yo nos quedamos a medio camino y no obtuvimos la recompensa merecida al enorme esfuerzo invertido.
Curiosamente, una vez vendida mi empresa y publicado un libro con un título tan revelador como Fracasado, es decir, una vez abandonada toda pretensión de ganar dinero, es cuando más dinero he ganado. Hice una serie de inversiones, esta vez con más cabeza que corazón, que salieron bien. La vida en ocasiones te da esas sorpresas inesperadas.
Mi recién conquistada libertad financiera me ha permitido dedicarme exclusivamente a escribir y a emprender acciones de concienciación social. Mi última campaña, la exigencia de adopción de un código ético de conducta a nuestros políticos, obtuvo el apoyo de figuras muy relevantes del ámbito de la intelectualidad y la política, además de 56.000 firmas en Change.org. Desafortunadamente, estos importantes avales no se han traducido hasta hoy en un resultado tangible.
Más éxito tuvo mi petición de mayor transparencia a Change.org, utilizando para ello su propia plataforma (aprovecho para dar las gracias a Infolibre y a Vozpópuli por dar crédito a las conclusiones de mi investigación). Tras una férrea resistencia inicial y años de opacidad, conseguí persuadir a su fundador, Ben Rattray, a través de José Antonio Ritoré, Director en España, para que accediera a hacer públicas las cuentas de la organización, lo cual se ha concretado en un informe internacional que se presenta anualmente a sus 470 millones de socios; sin duda uno de los logros de los que más satisfecho me siento y que apunta al tipo de emprendimiento con el que desearía verme comprometido en un futuro.
Y todo este preámbulo acerca de mi vida me lleva a El Serunomismo. Soy de la opinión de que la obra más importante de cualquier persona es su propia personalidad y trayectoria vital y de ahí mi empeño en presentarte ambas. Espero que haberlo hecho no condicione desfavorablemente tu lectura. Mi intención ha sido la contraria.
Los 399 aforismos y ocurrencias varias que constituyen El Serunomismo no han de interpretarse en su literalidad, como si de verdades absolutas se trataran, sino más bien como un desahogo artístico con el que pretendo explorar, entretener e inducir a la reflexión, una especie de colección de imágenes emocionales e intelectuales de mi persona tomadas en diferentes momentos y desde ángulos distintos, a veces contrarios e incluso contradictorios.
Soy muy consciente de la aversión que provocan los consejos simplones de autoayuda y me preocuparía que mi obra se confundiera con ellos. Si he hecho bien mi trabajo, esto no debería ocurrir. Mis reflexiones son producto de mi experiencia personal. No se trata por tanto de filosofía o psicología barata, sino de conclusiones auténticas, independientemente de su grado de acierto y objetividad o de su posible coincidencia con el mensaje de otros autores a los que ya hubieras sido expuesto.
Y ya para finalizar esta presentación y ejercicio de auto-VON-bo (o autobobo: admito haber sentido un cierto complejo de Forest Gump), quiero expresar mi agradecimiento a las decenas de personas maravillosas que han creído en mí y han contribuido con su talento al desarrollo de mis estrambóticos proyectos: Susana, Leire, Aitor, Maider, Gorka, Mikel, César, Alis, Asier, Emilio, Maite, Manu, Oier, J.F., Teresa, Juantxo, Álvaro, Belén, Aymer, Klaus, Andrea, Judy, Marie, Piper, Jeroen, Olga, Sandra, Tiziana, Laura, Sylwia, Txus, Dani, Jorge, Iñaki, Grant, Scott, Lisa, Wayne, Simon, Peter, Alon, Howard, Fiona, Phil, Mark, Tracy, Lee, Ted, Jono, Tony, Alex, Richard, Nick, John, Harry, Andy, Nigel, Shary… Siento no haber podido nombrarlos a todos, pero sí quiero dejar constancia de que sin su confianza y generosidad hubiera sido imposible llevar a cabo ninguno de mis objetivos.
Quiero además dar las gracias a tres auténticos maestros de la ilustración: Planeta Antonio, Iban Arroniz y Patxi Fernández de Retana. “El Serunomismo” hubiera sido una obra incompleta sin vuestra inestimable aportación. ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! Y por supuesto también al ilustre, inimitable y GrandMaster Xabier Baldeón. Eskerrik asko Xabi!
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