La polarización afectiva fomenta una sociedad de tribus cerradas que evitan cualquier tipo de contacto con los rivales. Este comportamiento endogámico es terreno abonado para los prejuicios hacia quienes opinan distinto, lo cual acentúa aún más el rechazo y la confrontación. Por eso la mejor estrategia para luchar contra este fenómeno es fomentar activamente la promiscuidad política e intentar a toda costa debatir con gente de la tribu rival. Y es que una de las mejores recetas para acabar con la polarización afectiva es irse de cañas con quien piensa diferente.
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