Se acostumbra a contar la historia de la modernidad como una lucha entre la ciencia y la religión. En teoría, tanto la ciencia como la religión están interesadas por encima de todo en la verdad, y, debido a que cada una defiende una verdad diferente, están condenadas a entrar en conflicto. En realidad, ni a la ciencia ni a la religión les importa demasiado la verdad, y por lo tanto pueden alcanzar fácilmente acuerdos, coexistir e incluso cooperar. La religión está interesada por encima de todo en el orden. Pretende crear y mantener la estructura social. La ciencia está interesada por encima de todo en el poder. Pretende adquirir el poder de curar las enfermedades, combatir las guerras y producir alimento. Como individuos, los científicos y los sacerdotes pueden conceder una importancia inmensa a la verdad, pero, como instituciones colectivas, ciencia y religión prefieren el orden y el poder a la verdad. De ahí la posibilidad de que sean buenos compañeros de cama. La búsqueda intransigente de la verdad es un viaje espiritual que raramente puede permanecer dentro de los confines de las instituciones religiosas o científicas.
396. Yuval Noah Harari
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