Según un estudio sobre el cerebro humano, Dios existe. Posee el atributo de la ubicuidad, pero su reino es muy pequeño y sí es de este mundo. Habita en el lóbulo temporal izquierdo de cada cerebro, encima de la oreja. Son esas neuronas las encargadas de predisponer a la creencia religiosa. Y cuando esa porción de materia gris padece alguna alteración patológica o una hipertrofia y la tormenta eléctrica de sus sinapsis arrecia, el sujeto en cuestión ve a Dios, sufre o goza de furor místico y se arrebata hasta el éxtasis.
2812. Juan Blas
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