No todo el mundo puede darse el lujo de meditar durante horas en un templo, por lo que, tal y como explica Slingerland en Borrachos…, el alcohol es la forma más popular y accesible de suprimir esa función del yo, responsable de nuestra conciencia del mundo, pero también de la llamada angustia del ser. Basta, en realidad, con tomar un par de cervezas después del trabajo. Algo importantísimo pues (…) por medio de los ritos y de la convivencia social, nos ayudó a dar el salto cuantitativo de primates egoístas, en eterno estado de alerta y desconfianza, hacia la capacidad de cooperar entre nosotros y constituir sociedades organizadas en busca de un bien común.
2701. Daniel Espartaco Sánchez
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