Lo transpersonal no es posible sin lo personal. Y lo personal es el ego. Todos tenemos nuestra cuota de ego. De hecho, el ego es fundamental para la vida. Lo que llamamos vida no es posible sin el ego. Si uno quiere liberarse del ego (algo en principio imposible) debe tener un ego fuerte. Un ego débil es dependiente y la dependencia es lo opuesto de la libertad. El que quiera trascender el ego partiendo de un ego débil o enfermizo sólo incrementará sus propios delirios. Pero, si bien la vida requiere del ego, un exceso de ego resulta exasperante. Ese el llamado cansancio ontológico. Borges lo expresó así: “La peor pesadilla para mí, sería ser Borges por toda la eternidad”. El olvido de sí es una necesidad. Por eso leemos novelas, vemos películas o nos enamoramos. Para olvidarnos de nosotros mismos. Liberarse momentáneamente del ego, además, nos libera de la muerte. Sin ego no hay muerte (tampoco hay vida).
1965. Juan Arnau
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