Cuando me hice el primer tatuaje, una salamandra, lo que sentí fue algo parecido a este mensaje: Muy bien, cuerpo maldito, no te he escogido, no puedo librarme de ti, me llenas de problemas, me envejeces y enfermas y acabarás matándome, pero tú morirás marcado con este lagarto que he decidido yo.
108. Rosa Montero
0


