El pensamiento reaccionario ha extendido la costumbre de acudir a las urnas para que se deposite en cada voto un cargamento de antipatías. Inquina a políticos determinados, las ideas del otro, las instituciones, las leyes, los impuestos, la cultura, la solidaridad, los territorios de España y los seres humanos que no pertenecen a nuestra casta. Se prefiere cualquier rumor, noticia o red que nos invite a los refugios del miedo.
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