Deberíamos cambiar el ritmo de nuestra vida sexual, que a veces tiene el ritmo de la música electrónica, es bum, bum, bum, bum. Muy mecánico, muy alienante. Y podríamos pasar a bailar algo más parecido al swing. Cuando bailas swing hay algo de repetición, pero hay un cierto tipo de elasticidad, no tiene un ritmo machacón y binario, hay una parte aleatoria. Para conseguir el polvo perfecto hay que desmontar el guion de Freudporno, una visión de la relación muy orientada a la procreación, que funciona como una especie de justificante moral.
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La idea siempre desde una hipótesis heterosexual, es que el sexo se ordena en tres actos: preliminar, penetración y orgasmo. Y esto es cultural, no es biológico. (…) por ejemplo, los griegos y los romanos eran abiertamente bisexuales. Incluso el término de homosexualidad es muy reciente, existe desde finales del siglo XIX. Así que el concepto no se usaba, no se conocía. Pero había una tensión real, entre los hombres que tenían sexo con hombres, entre ser activo o pasivo. Era un poco vergonzoso para un hombre adulto, para un macho, ser pasivo; pero esto mismo era normal para un hombre joven. Otro ejemplo: (…) La gente de las clases bajas de la sociedad no solía besarse mientras follaba, pero la gente de la corte y la aristocracia sí lo hacía. Esto es cultural.
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