Deberíamos cambiar el ritmo de nuestra vida sexual, que a veces tiene el ritmo de la música electrónica, es bum, bum, bum, bum. Muy mecánico, muy alienante. Y podríamos pasar a bailar algo más parecido al swing. Cuando bailas swing hay algo de repetición, pero hay un cierto tipo de elasticidad, no tiene un ritmo machacón y binario, hay una parte aleatoria. Para conseguir el polvo perfecto hay que desmontar el guion de Freudporno, una visión de la relación muy orientada a la procreación, que funciona como una especie de justificante moral.


