Crecemos con miedo a envejecer, a que las cosas se estropeen. Tememos cualquier vulnerabilidad porque tememos la muerte. Nuestro miedo nos hace construir contra natura. Construir de manera sostenible supone aceptar los ciclos naturales y entender que formamos parte de ellos. Pero es muy difícil actuar contra el miedo. La única cosa capaz de vencerlo es el amor. Y la belleza, para mí, es la expresión formal del amor. Cuando uno actúa por amor —en un jardín, con una persona, en una ciudad…—, la sostenibilidad llega de manera natural.
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