Los vehículos eléctricos acapararían hasta 2050 alrededor del 58% de la demanda de aluminio y cobre (en la estructura y electrónica) y entre el 73 y el 92% de manganeso, cobalto, níquel y litio (en las baterías), además del 79% de disprosio y neodimio (en los motores). Ante estas cifras, la medida más efectiva, según Amigos de la Tierra, para no entrar en una espiral de apertura de minas, sería poner coto de forma “drástica” a la flota de vehículos privados.
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