Hubo que esperar a comienzos de siglo XX para que se reactivara el uso controlado de sustancias psicoactivas, en terapias asociadas con enfermedades terminales, trastornos de ansiedad, depresión, angustia psicosocial, adicción y estrés postraumático. Los tratamientos han confirmado la eficacia terapéutica y transformadora de estas sustancias. Incluso en voluntarios sanos se han constatado beneficios psicológicos importantes y prolongados. Algunos pacientes relatan experiencias de disolución del ego, superación de las limitaciones del espacio y el tiempo: sensación de que el tiempo se ralentiza o se detiene, la impresión de pertenencia a una conciencia cósmica y la experiencia, jubilosa y abrumadora, de unicidad con la totalidad del universo.
1503. Juan Arnau
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