La utilización de premios y castigos para que nuestros hijos hagan o dejen de hacer algo es un mecanismo que utilizamos porque no tenemos desarrolladas las capacidades de negociación, comunicación y liderazgo que necesitamos para educar y criar con responsabilidad, respeto y consciencia. (…) El problema es que llegará un momento en el que el premio dejará de ser suficiente aliciente y buscarán la forma de hacer lo que les prohíbes, pero a escondidas. (…) Lo que promuevo es que los niños y niñas entiendan que las cosas correctas se hacen a pesar de que nadie les esté mirando. Y eso no pasa por la utilización ni de premios o castigos o sus primas cercanas: chantajes y amenazas.
2884. Adelaida Abruñedo
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