Un elemento importante es conectar con nuestro niño interior. Si uno empieza a ver el mundo con detenimiento enseguida verá cómo el mundo empieza a sorprenderle. Y en ese sorprenderse se conecta con el niño que llevamos dentro, porque cuando uno se sorprende surge la curiosidad y el asombro. Si uno desarrolla esto, le será fácil acompañar a sus hijos. Y otro elemento es pararse a escuchar y a ver al otro. Cuando te paras a ver y a escuchar a tu hijo —no a intentar cambiarle de opinión, no a decirle lo que es verdad—, cuando le preguntas para que te explique más cosas, conectas con la maravilla del pensamiento de la otra persona. Y entonces alucinas, porque descubres su mundo.
491. Ana Isabel García
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