Eran tu cara y tu cuerpo y tu voz, pero eras un monstruo nuevo para mí. Lo intentaba una y otra vez y empeoraban tus palabras. (…) Ahí descubrí lo que una mente alterada es capaz de hacer. Ojalá nunca te hubiera visto así, mamá. Aunque con el tiempo he aprendido a proyectar una luz tenue y cálida cuando te pienso. Estuvo todo bien, mamá. Aprendí y no te juzgo. La vida es demasiado compleja como para pasarse el día sentenciando.
3134. Ángeles Caballero
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