Mi padre necesitaba hacer pis y me pidió que lo acompañara. Yo sabía que aquella próstata nos daba poca tregua y que cuando había ganas había prisa. Así que entré con él en aquel baño y cuando se bajó el pantalón ahí estaba. Era un pañal de adulto, enorme, bastante mal colocado. Y era mi padre, muy avergonzado porque yo tuviera que ver aquella escena. «Cariño, ayúdame con esto, por favor. Joder, perdóname». «Anda, ven, papá. Primero haces pis, espera que te ayude a sentarte». Porque llega una edad en la que un señor debe sentarse para hacer estas cosas y es demasiado tarde para los jueguecitos de los aseos públicos, mirando de reojo penes ajenos y haciendo valoraciones al respecto. Llega una edad en la que hay que dejarse la vergüenza, como el mal genio, en el bolsillo.
3102. Ángeles Caballero
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