De idéntica calaña son los que corren tras de fama imperecedera publicando libros; todos ellos me deben mucho, y especialmente aquellos que emborronan papel con meras majaderías. Los que escriben doctamente para agradar a un corto número de eruditos, y que no rechazarían para críticos suyos a Persio y Lelio, me parecen más dignos de lástima que felices, puesto que viven en continua tortura: añaden, modifican, quitan, vuelven a poner, rehacen, aclaran, aguardan nueve años, nunca se dan por satisfechos. Todo ello para la fútil recompensa de las alabanzas.
2684. Erasmo de Rotterdam
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