La primera víctima de una guerra no es la verdad, es la compasión. Para aniquilar al otro hay que neutralizar todos los mecanismos innatos de la empatía, hay que evitar por todos los medios la tendencia natural a ponernos en el lugar del otro y apiadarnos de su dolor y sufrimiento. Esto es, para convertir a madres, niños, abuelos e hijos en el enemigo hay que psicopatologizar a la población, cauterizar los canales por los que surge la emoción que lleva a sentir el dolor del otro como propio. (…) miren de cerca a las madres palestinas. Verán que lloran las mismas lágrimas que las madres israelíes.
2589. Najat El Hachmi
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