Por entonces aún creía en el valor supremo de la brillantez, de la genialidad que percibía en los otros, en algunos otros. Me llevó bastante tiempo darme cuenta de que la mayoría de los grandes talentos que había visto fulgurar a mi alrededor se habían ido perdiendo en el transcurso de la vida. Y así aprendí que, en la carrera de la obra (de cualquier obra, de cualquier vocación), son más importantes el tesón, el trabajo y el aprendizaje que el talento sin más.
2456. Rosa Montero
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