Casi todo lo que nos rodea alienta nuestra ceguera. Tenemos muy poca tolerancia a la incertidumbre y una asombrosa tolerancia a la mentira. Hemos metabolizado ese engaño consentido. Los chavales están acostumbrados a engañarse y a pensar que las mentiras que uno se cuenta a sí mismo son verdad.
2387. Santiago Beruete
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