Por ahora aquí estoy, como casi todos, postergando inconscientemente la felicidad a un tiempo que siempre queda a desmano, un poco más lejos. Seré feliz cuando pase ese acto público que no quiero hacer y me incomoda tanto, me digo, por ejemplo, sin pensarlo plenamente, sólo con una esquina del cerebro. Pero luego el acto llega y lo sobrevives y pasa y, hale hop, ahí han aparecido en el horizonte otros compromisos personales o laborales que te causan zozobra e incertidumbre y que vuelven a colocar tu meta de la dicha en un futuro al que jamás se llega, porque en la vida siempre habrá una cuota de zozobra y de incertidumbre y hay que saber navegarla asumiendo esto. Por cierto que también conviene aprender a decir que no a los compromisos que no te gustan, pero esa es otra historia.
2204. Rosa Montero
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