Suele afirmarse que el pecado más característico del escritor es la vanidad. Y es un tópico cierto, porque el escritor –tal vez porque su trabajo casi nunca tiene la resonancia que merece, o la resonancia que el escritor cree que merece– busca siempre el aplauso (aunque sea equívoco), busca siempre la notoriedad (aunque sea denigrante o envilecedora).
2114. Juan Manuel de Prada
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