Me he vuelto más intransigente a los mensajes de ‘sé positiva’. Una persona tiene derecho a estar cabreada. Reivindico el derecho a estar triste y cabreada con todo el mundo. El cáncer no me ha cambiado en ningún sentido, y no soy mejor persona que antes. Es un error pensar que algo así te hace mejor y lo es también envolver la enfermedad con un lazo rosa. El gran regalo es volver a tu vida anterior (…) Al final la vida es mucho más fácil de lo que pensamos. No hay que plantearse demasiados porqués; lo contrario lleva a no verle el sentido a nada. Estoy en un momento en que no quiero que nadie me dé lecciones de vida. Y le aseguro que tampoco me he planteado un giro radical. Quiero seguir con mis rutinas, ese es el objetivo.
1982. Natalia Díaz Santín
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