En libros como Capitalismo y libertad, de Milton Friedman, y Camino de servidumbre, de Friedrich Hayek, se equiparaba crudamente al capitalismo con la libertad. Central para esta visión del capitalismo es la libertad de explotar: los monopolios deberían tener un poder ilimitado para aplastar a los potenciales competidores y exprimir a sus trabajadores, y las empresas deberían ser libres de confabular para explotar a sus clientes. Sin embargo, solo en un mundo de cuento de hadas (o en una novela de Ayn Rand) se diría que una sociedad y una economía de esas características es “libre”. No importa cómo la llamemos, no es una economía que deberíamos querer; no es una economía que promueva la prosperidad ampliamente compartida; y los individuos codiciosos y materialistas a los que recompensa no son quienes deberíamos querer ser.
1948. Joseph E. Stiglitz
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