Deberíamos procurar que la inteligencia artificial tuviera esas cualidades tan humanas regladas por una mirada ética y no verla como una nueva deidad que pudiera despreciar a su torpe creador al encontrarlo incompetente. Nuestra convivencia se fundamenta en el criterio contractual de la liberigualdad, puesto que nuestra libertad tiene como límite las libertades ajenas, mal que le pese a esa teoría ultraneoliberal cuya pretensión es ampliar unas libertades individuales en detrimento de otras. Estamos a tiempo de diseñar una inteligencia artificial que no escriba con insescrutables renglones torcidos y sea un instrumento al servicio del ser humano en lugar de lo contrario.
1733. Roberto R. Aramayo
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