En esos días, cualquier pequeño grupo o individuo podía difundir lo que escribiera o filmara o compusiera en cualquier formato sin tener que pasar por el filtro de ninguna institución o gran empresa: “publicar” —hacer público— se volvía más y más fácil; lo que era cada vez más difícil, en esa marejada, era encontrar quien lo mirara.
1661. Martín Caparrós
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