Comprobará por sí mismo que la vejez, si quiere ser lúcida, no se ampara en los recuerdos y no se aferra a la nostalgia, sino al deseo de corregir los errores del pasado y de evitar los del presente. La vecindad del fin ayuda a perdonarse a uno mismo y a los demás e invita a disfrutar de las sonrisas frente a los adolescentes de la política que pretenden afirmar su personalidad a base de gritarle al prójimo.
1544. Juan Luis Cebrián
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