Todo el mundo está a punto de morirse. Eso es lo que se me ocurre ahora mismo, en el autobús, ignoro por qué. Tengo poco control sobre lo que se me viene a la cabeza. También sobre lo que se me va. Hay un trasiego continuo de entradas y salidas y lo que acaba de entrar es la idea de que todo el mundo está a punto de morirse. Esa señora, por ejemplo, que va sentada frente a mí, en el autobús, está a punto de morirse. Lo más probable, sin embargo, es que no se muera hoy. Llegará a casa, encenderá la tele, abrirá un bote de alcachofas y les dará una vuelta en la sartén después de secarlas con papel de cocina. Es el problema de las alcachofas en conserva, que tienen mucha agua y conviene secarlas antes de freírlas. Ya me explicará alguien por qué se me ha ocurrido lo de las alcachofas, yo no tengo ni idea. (…) Si usted se asoma a la lista de los fallecidos ayer en su ciudad, que sale en internet, verá que muchas de las personas que están a punto de morirse finalmente se mueren. No todas, pero bastantes. ¿Que adónde quería llegar con todo esto? A nada, no quería llegar a nada porque llegar a algo se ha puesto imposible.
1092. Juan José Millás
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