Y llegué a un punto en que me daba igual estar viva que muerta. Todo el mundo habla de cansancio: es peor. Te abandona el aliento vital. La quimioterapia puede llevarte a la sensación de que estar vivo o estar muerto no te parezca muy diferente. La toxicidad de la quimioterapia es acumulativa. El octavo ciclo no es el segundo. Vas viendo cómo te vas deteriorando, cómo van saliendo las llagas. De pronto sangra la nariz, te sangra la lengua, tienes una llaga en la boca. Todo el tránsito intestinal está en carne viva. Y sientes esa indiferencia ante la vida. (…) Y ves a los que se agarran a ella, que están perfectamente sanos y ven como una tragedia lo que te está pasando, con cierta misericordia, como si no supiesen que se van a morir también.
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