Hemos perdido la capacidad de escuchar. No solo hemos dejado de prestar atención a las palabras, sino también a la actitud, las convicciones morales, las preocupaciones y esperanzas que se encuentran detrás de los discursos sobre política. Y esa es una responsabilidad cívica importante, que podemos tratar de enmendar con esta herramienta, cultivando el arte de escuchar. (…) cuanto más nos aferramos a nuestras opiniones a medida que crecemos, menos curiosos nos volvemos y menos buenos para tener en cuenta otras opiniones.
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