Desde el medievo se sabe que hay dos formas de subyugar a un país: por la espada y por la deuda. Salvo allá por los Urales, la modalidad preferida hoy en Occidente es la deuda. (…) Hace una década se decía que cualquier país que rebasara el umbral de endeudamiento del 90% del PIB estaba condenado; el trabajo académico en el que se basaba esa cifra mágica era una hoja de Excel plagada de errores. Lindner ni siquiera dispone de esa hoja de Excel: el argumentario es un puro empacho ideológico, del mal llamado ordoliberalismo, una suerte de neoliberalismo basado en reglas-corsé que, curiosamente, siempre acaban beneficiando a Alemania. En lugar de reglas flexibles y adaptadas a cada país, Berlín diseña una vez más una camisa de fuerza de talla única. (…) las palabras nunca son inocentes. Los alemanes utilizan la misma raíz léxica, schuld, para la deuda y para la culpa. Pero en italiano, en español y hasta en inglés, crédito viene de la raíz latina de creencia, credere. En ese cruce de etimologías están las dos concepciones de la UE: las dos almas de Europa.
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