Si soy multimillonario y dono un dólar a mi fundación privada, obtengo hasta 73 céntimos en reducciones fiscales. Nosotros, como contribuyentes, subvencionamos las donaciones caritativas de los multimillonarios. Deberían pagar impuestos más altos y que la sociedad decida cómo se invierte el dinero. La filantropía es fundamentalmente no democrática. Se está convirtiendo en una extensión de la riqueza, el poder y la influencia de la clase multimillonaria. No es un sustituto de un sistema fiscal justo.
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