Una de las cosas más difíciles de aprender en este mundo es a conocer cuáles son tus propios deseos y a respetarlos. Vivimos inconscientemente atrapados por los deseos de los otros, por la mirada que los demás proyectan sobre nosotros o, lo que es aún peor, por la demanda que creemos adivinar en los demás. En primer lugar, está el mandato atronador de nuestros padres (o el mandato que creemos haber recibido de ellos), pero somos animales sociales y cualquier mirada ajena nos afecta muchísimo. En la gente más frágil y menos asentada sobre sus pies, el efecto puede ser demoledor; hay personas tan lábiles que son como líquidos a quienes la vasija de la mirada ajena confiere su forma.
Read More