Esto de los algoritmos no es nuevo. Como única especie consciente de su propia finitud, los humanos sabemos que nos podemos equivocar y, muchas veces, dejamos que decidan por nosotros. Es la base de las religiones, que aspiran a regular detalles minuciosos de nuestra vida cotidiana, gastronómica y sexual. Y lo aceptamos en busca de protección de una entidad superior. Algo que, ojo, proporciona índices de felicidad muy elevados. Si no te cuestionas nada y dejas que los dogmas y convenciones decidan por ti, eres, aparentemente, más feliz.
951. Jorge Drexler
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