Representar el bien proporciona un sentimiento de superioridad moral que es incompatible con la verdadera moralidad. (…) El comienzo de la inmoralidad está en pensar que uno tiene la moralidad de su parte. En la medida en que es esencial para una democracia establecer un marco de controversia, la moralización de la política es un claro peligro. Los defensores de la democracia no solo han de defenderse del mal, también han de tener cuidado con la tentación del bien.
2669. Daniel Innerarity
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