Ser novelista es, en realidad, una actividad bastante rara, casi diría yo que estrafalaria. Consiste en pasarte una cantidad de tiempo enorme (…) encerrada a solas, en una esquina de tu casa, inventando mentiras (…) Y al cabo de esa travesía alucinada, sacas a la calle el libro y esperas, aguantando el aliento, que alguien lo lea. Que alguien te diga: pues a mí me ha interesado, te he entendido, he vibrado con las mismas emociones que tú, he visto el mismo mundo que tú has visto. Porque si no te leen, si lo que has escrito no gusta, ¿en qué se quedarán convertidos esos años de obsesión? Pues, pura y simplemente, en el delirio de un loco.
942. Rosa Montero
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