Desde mi posicionamiento, propio de un neuropsicólogo y con un bagaje biologicista de la conducta, y sin negar el efecto crucial del contexto en todo ello, a mí me cuesta mucho no conceptualizar los actos de violencia extrema o maldad extrema que todos vemos en las noticias, como que ahí, en un instante de tiempo, ha sucedido algo que se disfunciona. Esa persona no está enferma, pero ha disfuncionado algo. Es decir, acorde a nuestros modelos de cómo funciona una mente humana y cómo se traduce en conducta, hay algo en ese instante que no está funcionando como debería en la mente. Aunque eso no significa que no sea algo punible.
747. Saul Martínez-Horta
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