Los escritores escribimos, entre otras cosas, porque no nos gusta hablar. Porque no nos gusta hablar en público. Parece mentira, ¿no? Yo aquí rajando. Hasta los 30 años yo no podía hablar en público. Tartamudeaba, me ponía roja, me temblaban las piernas (…) he aprendido a hablar en público poniéndome en riesgo. Y no me gusta. Me sigue sin gustar. (…) Cuando tienes ese miedo escénico lo que haces es hablar bajito, hablas para tu cogote, hablas muy deprisa, no lo dices con gusto, así que es un peñazo tu manera de hablar y aburres a todo dios. Entonces, es importantísimo que te sientas a gusto hablando y a gusto quiere decir que tienes que pensar que lo que dices va a interesar. (…) hay que ponerse en riesgo y repetirse como un mantra, lo que voy a decir va a interesarles, lo que voy a decir, va a interesarles, ¡veinte mil veces, hasta que te lo empiezas a creer! Lo que voy a decir, va a interesarles, lo que voy a decir va a interesarles…
742. Rosa Montero
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