El nacionalismo tiene muchos rasgos característicos, pero dos de ellos son particularmente peligrosos y abominables. El primero es la arrogancia y la soberbia que encierra la convicción de que la cultura propia es superior a la de otros. El segundo consiste en que la singularidad propia se define mediante la hostilidad contra otros, mediante el rechazo de otros que son presentados como enemigos, principalmente las comunidades y sociedades vecinas. Consideran que la única eliminación eficaz del peligro -que, por lo regular, sólo existe en su imaginación, porque casi siempre suele tratarse de enemigos inventados- es el aplastamiento físico del adversario e incluso su aniquilamiento total. El nacionalismo, para que pueda cuajar, tiene que disponer de la imagen amenazadora de un enemigo. Cuando el nacionalismo no dispone de un enemigo real, lo inventa, porque lo necesita de manera inapelable.
565. Ryszard Kapuscinski
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