No hay que decir las típicas frases motivacionales. Sino lo que a ti te venga.
Porque todo lo que sucede conviene. Por ejemplo, cada vez que alguien se sienta delante de ti. Y le da para atrás al respaldo de su asiento. Es un momento perfecto. Para demostrar el poder de tu zen. Y decirle «No es pobre el que tiene poco, sino el que desea mucho… ¡Que no tienes ni puta idea de cuál es el Camino del Tao hijo de la gran puta!».


