El poder esclavizador que los conceptos de éxito y fracaso tienen sobre nosotros se multiplica además por un malentendido: por la extendida creencia de que uno es un triunfador o un perdedor. Como si el éxito y la derrota fueran destinos únicos, irreversibles, absolutos y finales. Nada más erróneo que eso; no creo que exista o haya existido en el mundo una sola persona que sólo sea un triunfador o un perdedor. En cada momento de nuestras vidas acumulamos una colección de aciertos y de errores.


