Siempre digo a mis estudiantes que la primera persona a la que tienes que impresionar eres tú mismo. Y cuando ganas un premio Nobel, te vas a dormir feliz, así que pierdes un poco esa necesidad de impresionarte y tienes que trabajar para recuperarla. Pero al mismo tiempo, cuando ganas el Nobel, la gente decide que eres mucho más listo de lo que eres. El beneficio de eso es que cuando hablas con gente en el Gobierno, con políticos, les puedes explicar por qué las cosas son importantes y es mucho más probable que te escuchen.
2994. David MacMillan
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