Tienes 91 años, lindando con los 92, y tu hermosa y poderosa cabecita se está yendo por los cerros de Úbeda, eso dicen algunos. (…) Has aparcado tu orgullo, tu vanidad y tus frustraciones. Aceptas las críticas con una sonrisa y te importa muy poco lo que piensen los demás. Aunque te aburras un poco, eres feliz, ves cosas que los demás no vemos (…) dejas aflorar tus sentimientos y me das y pides besos con una frecuencia inusitada. Como decía Rilke, “la infancia es nuestra verdadera patria”. Has vuelto a tu patria y eres el niño de nueve años que se divertía mientras España se desangraba en una terrible guerra civil.
2474. Eduardo Armiñán
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