Cuando un creyente reza, todos los signos eléctricos de angustia en el cerebro desaparecen. Es un tranquilizante natural. Los creyentes religiosos o políticos —los comunistas fueron creyentes— se sienten mejor. Hay un efecto de solidaridad también: si todos recitamos lo mismo al mismo tiempo, nos sentimos en seguridad. Pero dejamos de pensar. Yo lo llamo el pensamiento perezoso. El lenguaje totalitario es un pensamiento euforizante y perezoso.
2191. Boris Cyrulnik
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