Dicen que la paciencia es un arte. Yo la tengo, además, por una conquista del carácter, un complemento de la cortesía y un atributo indispensable para el ejercicio provechoso del talento. Graduarse en paciencia requiere paciencia, a menos que uno la traiga en abundancia del útero materno. No poca de la que junté en años de mocedad se la debo al influjo educativo de la pesca con caña. ¡La de horas que habré pasado con la mirada fija en el corcho que flotaba allá abajo, en las aguas revueltas que lo remecían sin descanso!


