El más usado de esos sistemas, una empresa sueca llamada Spotify, ofrecía en esos días unos 80 millones de canciones —que aumentaban sin cesar y comprendían buena parte de lo grabado en los cien años anteriores. Pero de los ocho millones de autores de esas músicas, menos de 8.000 ganaban entonces más de 100.000 dólares al año con sus canciones, y menos de 800 más de un millón. Las cifras, siendo desalentadoras, alcanzaban para llevar a tantos a tentar su suerte: cada cuatro segundos otra canción se agregaba a las listas. Spotify tenía unas 23.000 canciones nuevas cada día, más de 150.000 cada semana, 700.000 por mes: unos ocho millones de canciones nuevas cada año —y algunas incluso se escuchaban. Eran, por supuesto, ínfima minoría.
1946. Martín Caparrós
0


