Analiza esa emoción, ponle un nombre. Tu reacción suele ser una señal de que hay algo importante en juego para ti; de lo contrario, no sentirías nada. Tienes que preguntarte: ¿por qué me afecta tanto, por qué me cabreo? Cuando descubras lo que es, puede que sea algo que no tiene importancia o fácil de solucionar, así que no conviertas un grano de arena en una montaña. Pero si es una montaña tampoco le quites hierro. Subestimar es tan nocivo como exagerar.
1935. Robert Waldinger
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