Es preciso que la política vuelva a ser “ingenua” y utópica, vuelva a ocuparse de lo que nos deja sin dormir, de lo que soñamos, de que la felicidad pueda ser un derecho y no un lujo. Del tiempo libre, de la salud mental, de los cuidados y la responsabilidad afectiva, del aire que respiramos y la comida que comemos, de la tierra que caminamos, de una existencia libre de la amenaza de la precariedad.
1823. Iñigo Errejón
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